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  • 20 de Septiembre, 2005


    Publicado el 20 de Septiembre, 2005, 16:43

                                    

    Klaus Kinski ...Niccolo Paganini, Deborah Caprioglio ...Antonia Bianchi, Nikolai Kinski ...Achille Paganini, Dalila Di Lazzaro ...Helene von Feuerbach, Tosca D'Aquino ...Angiolina Cavanna
    Eva Grimaldi ...Marie Anna Elise Bonaparte, Beba Balteano ...Carol Watson, Fabio Carfora ...Mr. Watson, Donatella Rettore ...Miss Wells, Bernard Blier ...Pater Caffarelli, André Thorent ...Galvano, Marcel Marceau ...Pantomima

    Cámara: Pier Luigi Santi

    Música: de Paganini, tocada por Salvatore Accardo y la London Philarmonic Orchestra.

    1987-1988

    Klaus Kinski ha vuelto a mi vida por una de esas recurrencias insospechadas pero constantes de la vida.  Creo que fue el hecho de volver a ver "Nosferatu" tras algunas pláticas previas con Óscar lo que me devolvió un interés que ya no era adolescente, como el que tuve por Visconti, Truffaut o Bergman, sino más maduro y posterior, una etapa ya barcelonesa de mi vida. Ya trasplantada aquí. Entonces, con Juan vi muchas películas alemanas de Herzog y Fassbinder. Yo creo que Juan prefiere a Fassbinder porque es más intelectual que yo. Yo reconozco que Herzog es más intuitivo y un poco descuidado y lo que le interesa es lo que me interesa a mí, y no cosas más psicoanalíticas, más intelectuales, más esteticistas o más fellinianas. Aunque hace tiempo que no hablo de eso con Juan  y lo que digo aquí a lo mejor ni siquiera es verdad.

    El caso es que, recuperando a Herzog estos últimos tres o cuatro meses, le vi relatar en My best fiend  la petición (denegada) que le hizo Kinski para dirigirle en la que sería su última película: Paganini. Y me intrigó hasta tal punto que cometí la locura de pedirla a Alemania. Mi dominio del inglés es bueno; en italiano también me defiendo (por ejemplo, puedo ver el Ludwig de Visconti en esa lengua y sólo perderme una parte del discurso de Romy en el pabellón de Ischl). Pero francamente, tenía pereza de escuchar esta obra en uno u otro idioma. Los subtítulos ¡ay! están en alemán y ahí sí que no llego.

    La he ido postergando, hasta hoy. Mi pequeña se ha ido con una beca Erasmus a Italia y me he dicho: "éste es el momento". Así que ahí va la reseña de una peli que casi seguramente a nadie le interesa y que pocos habrán visto, pues fue un fracaso económico y comercial.

    Klaus Kinski planeó su Paganini como una serie de televisión de 16 horas. Pero los productores, al ver el material, la vetaron. Después la soñó con una duración de 3 horas, y quedó reducida a 82.  Así fue como su condensación obligó a Kinski a emprender "otra" obra y a iniciarse en u triple papel de guionista, director y protagonista.

    La película contiene un prólogo narrativo, en el que vemos a Kinski-Paganini como inductor de transportes eróticos a través de la música. La narración es orgásmica, así como las imágenes de esas mujeres en la ópera de Viena, aplaudiendo, tocándose y sintiendo las notas como impulsos eléctricos. La narradora es la jovencísima esposa de Paganini-Kinski, Déborah Capriolio-Antonia Bianchi , cuyo turbador parecido con la propia hija del actor, la bella Nastassia, no pasa desapercibido y  aumenta la sensación de "diabolismo" que Kinski quiso imprimir en la obra. Asimismo, su hijo  Nikolai aparece como Achille, el hijo de Paganini. No es difícil establecer el paralelismo entonces:  Kinski cuenta la historia de Kinski. Después de haberse presentado por toda Alemania como el Mesías-Jesús-Kinski, este detalle no puede echar para atrás a ningún admirador.

    La historia es la misma para ambos: adicción al sexo, mujeres, violencia, insatisfacción, dinero, avaricia, comercialización, megalomanía, adoración por el hijo varón. Respecto a su amor por el dinero a toda costa, Kinski afirmó provocativamente : "Soy una puta, acepto cualquier película porque me gusta el dinero". Paralelamente, Paganini también comerció, casi vergonzosamente, con su inimitable técnica violinística, sin importarle demasiado "el arte": se convierte en un prestidigitador o en un saltimbanqui del violín atrayendo a las masas con fines puramente crematísticos. El poder erótico se ejerce a través del talento artístico, como reclamo, como tiranía, como  alimento. Prestigio para las amantes excitadas por ese talento, pasto o combustible para el artista insaciado. La atracción por las jóvenes, cada vez más jóvenes. La esposa de Kinski-Paganini parece su hija, su hija Nastassia.

    El verdadero amor es el del hijo. Las escenas de ternura: Paganini durmiendo a su hijo, vistiendo a su hijo, jugando con su hijo Achille, tocando para él e igualmente, paralelamente,  Kinski con su hijo Nikolai. Las escenas con él parecen la premonición de un sueño o la nostalgia de momentos no vividos, escapados para siempre, y sin embargo mostrados en el film como testamento y como legado. El amor del padre al cachorro. Y la maravillosa actuación de Nikolai, llena de vibrante emoción, sin duda, su talento es herencia amorosa de su padre.

                       

    La soledad del artista. Paganini-Kinski finalmente solo con su arte y consigo mismo siempre. Fuera y apartado de los otros a causa de su mal; su diferencia esencial: su genio. 

    La fotografía, siempre con luz natural, a la luz de las velas, en el ocaso o nocturna, excepto en las escenas luminosas en medio de la naturaleza, es mágica. Y la música suena como provocación, como exabrupto, pocas veces dulce, excepto en los momentos de amor pateno-filial. Música que suena exacerbada también, como su autor: casi ruido, casi insoportable hasta el momento de la muerte, en que se convierte en la voz del ya mudo Paganini, en la voz desgarrada del hijo que le abraza y no quiere abandonarle ni en la tumba, en la voz de violín que llora y que canta a través del tiempo la eternidad de los sentimientos más nobles.

    Sin diálogos apenas, son las imágenes las que hablan. Pesadilla, magia, sueño, luz de las velas, caballos desbocados que cruzan los bosques de Europa. Caos: vida y vida juzgada y condenada por los demás. No es extraño que después Kinski se haya muerto: esta obra es su testamento. Su propio yo vertido en fotogramas. Una película goyesca, hermosa.

    Por reinadegrillos, en: Cine