arteyliteratura



  • ¿Quién me enlaza?

  • Buscar en artículos


    Estadisticas web
  • Categorías

  • Calendario

    <<   Octubre 2005  >>
    LMMiJVSD
              1 2
    3 4 5 6 7 8 9
    10 11 12 13 14 15 16
    17 18 19 20 21 22 23
    24 25 26 27 28 29 30
    31       
  • Archivos

  • Sindicación

  • Apúntate

  • Enlaces

  • Publicado el 15 de Octubre, 2005, 11:40

    Éste es un post melancólico porque hoy me despedí de mi muñequita linda que se va a Barcelona a ver a su abue y luego a Tarragona a ver a su papá; de ahí coge el avión. Mi muñequita tiene 23 años, pero es una viajera empedernida. Ha viajado por media Europa y Grecia, a veces haciendo autoestop. Está cursando su último año de la carrera de Filología Hispánica en la ciudad de Bologna, en Italia, porque le han concedido una beca Erasmus. Mi muñequita es muchas cosas: es poeta, ha hecho un documental excelente sobre la historia del Bloque feminista en Tarragona, es feminista, es activista antiglobalización, es una gran lectora, es una mujer con las ideas claras y es terca, reivindicativa, a veces insoportable; muy a menudo cariñosa, dulce y de melcocha.
    Mi muñequita nació después de mi fiesta de cumpleaños: yo cumplo el 1 de junio y ella es del 2, de las dos de la mañana. Con el pastel en la boca le dije a Juan:-- ¡Ya vámonos!, y aunque se acababa de poner la piyama y quiso dejarlo para más tarde, conseguí convencerlo de que iba en serio y menos mal, porque si no, nace en un alto o en cualquiera de los topes de la avenida de Taxqueña.
    Yo había hecho mi cursito de parto psicoprofiláctico y estaba muy serena y tranquila, respirando en las contracciones y eso, relajándome. Mi cara era un oasis de paz. Total, que al llegar al Hospital López Mateos nadie me hizo mucho caso. Al fin, conseguí que un médico me viera y me dijo: --¡Pero si ya está usted totalmente dilatada! (¡Pos sí, pensé, yo! ¿no te lo estoy diciendo?). Estaba tan, pero tan dilatada que no pudieron ni llevarme al paritorio y di a luz en la sala de labor. Cuando salió su cabecita, me dijo el doctor: --Es una dama ¡y muy guapa! Era tan bonita como una florecita, pero su mirada ya era crítica y hasta diría irónica. La recuerdo, tapada con la sabanita verde que les ponen, mirándolo todo como diciendo --¿Y a esta mierda de lugar me han venido a traer? Yo estaba tan bien que me hubiera gustado irme con mi muñequita a mi casa, pero no me dejaron. Mi marido se puso una bata de médico para entrar, camuflado. A veces me sorprende. Es tan tímido. Y sin embargo, esa noche se le acercó a un desconocido y le pidió su bata blanca. Yo siempre creí que él iría a mi entierro distraídamente, leyendo un libro de latín medieval. Pero esa noche se portó.
    Durante mucho tiempo, mi muñequita no quiso estar más que con su mamá. Yo fui una madre africana, que los llevaba siempre encima. envueltos en un rebozo. Así que ella chupaba mi lechita y dormía pegadita a mí. Pero despierta no le gustaba estar acostada: le gustaba estar en posición vertical, escrutándolo todo. Dormía muy poco y no se quería desprender de mí.
    A lo largo de estos años hemos tenido muchos problemas y pleitos: nos parecemos demasiado. Pero siempre hemos mantenido esa unión visceral. Yo nunca he querido vivir por ella (ni por ninguno de mis hijos), y aunque a menudo no estoy de acuerdo con lo que hacen, los respeto mucho. Sus idas y venidas desde muy jovencita, como de judío errante... yo también soy nómada o lo he sido hasta hace poco, me han inquietado mucho más de una vez. Sus incursiones en diversas actividades: en actividades políticas, en la poesía o en el cine, me han llenado de satisfacciones. Ella tiene un gran talento del que yo carezco: sabe mezclarse con los grupos, sabe relacionarse con los demás. No es una solitaria. Consigue que lo que hace sea conocido y apreciado por los otros. Tiene habilidades para mí admirables. Anoche, mientras ella leía La desheredada de Galdós y yo escuchaba las Variaciones Goldberg tocadas por Glenn Gould (porque estoy tan constipada que no puedo leer), recordé cuántas veces hemos compartido este espacio común, cada una con lo suyo. Yo con mi guitarra o mis libros o correcciones, ella con sus cosas, y qué dulce y tranquila atmósfera se crea compartiendo la vida y los momentos de paz con aquellos con los que tenemos tantas afinidades. Me enorgullece decir que tenemos muchos y muy variados temas de conversación.
    Y como acabo de despedirme de ella, escribo este post melancólico, aunque sé que pronto nos veremos. Un beso, mi muñequita. Bon voyage!