Publicado el 25 de Octubre, 2005, 19:08
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Como Saint-Exupéry, yo también tengo un pincipito que llora por su rosa. -Si alguien ama a una flor de la que sólo existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas. Puede decir satisfecho: "Mi flor está allí, en alguna parte…" ¡Pero si el cordero se la come, para él es como si de pronto todas las estrellas se apagaran! ¿Y esto no es importante? Quisiera consolarlo, prometerle que nada le ocurrirá a su rosa. que en el planeta ya no quedan corderos que puedan hacerle daño alguno. ¡Había en una estrella, en un planeta, el mío, la Tierra, un principito a quien consolar! Lo tomé en mis brazos y lo mecí diciéndole: "La flor que tú quieres no corre peligro… te dibujaré un bozal para tu cordero y una armadura para la flor…te…". No sabía qué decirle, cómo consolarle y hacer que tuviera nuevamente confianza en mí; me sentía torpe. ¡Es tan misterioso el país de las lágrimas! Sí, quisiera consolarle. |

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