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  • Publicado el 26 de Octubre, 2005, 21:29

                                                                   austers_leviatan.JPG

    El hecho de que el leviatán esté presente en aguas dulces y saladas hace pensar que, tal vez sean dos seres distintos, pero con el mismo nombre. O tal vez exista un leviatán de río y otro de mar.


    Peter Aaron, traductor y escritor (como el propio Auster), escribe a contrarreloj la historia de un hombre que ha estallado en pedacitos junto a la bomba que manipulaba: su gran amigo Ben Sachs, autor de “El nuevo coloso”. Ese final tormentoso, dramático, había sido presentido por Aaron, porque él “había dicho lo suficiente como para convencerme de que tenía graves problemas, de que se estaba precipitando hacia un oscuro e innombrable desastre”. Esta novela cuenta la historia de los 15 años de amistad de Aaron y de Sachs y también la historia bifurcada y coincidente a trozos, de cada uno de ellos y de las mujeres que cruzan sus vidas dejando una huella. Pero también la historia de dos formas de enfrentarse a la literatura, formas antagónicas. La lenta, dura, trabajosa de Aaron, en lucha contra las palabras que se resisten a seguir un camino recto entre sus pensamientos y su pluma y la fácil, directa, asombrosamente productiva de Sachs, dotado para escribir con la misma facilidad que habla. Capaz de encontrar extraordinarias coincidencias (azares) que conforman la historia o las historias que narra. Aaron y Sachs son las dos caras de una misma historia. La cara y la cruz en casi todos los hechos de su vida.
    Aaron fracasa en su primer matrimonio con Delia, mientras Sachs y Fanny se quieren, complementan y conviven con total armonía. Pero Aaron había conocido, se habia cruzado con Fanny muchos años atrás, y está también enamorado de ella. Su belleza, su gracia tranquila, su silenciosa presencia (siempre unida a la de Sachs) se convierten en un faro mientras su vida, su matrimonio, su divorcio, su precaria situación económica hacen crisis. Ante ella, Aron es otro, se hace otro, ocultando su amor a todos, menos, por supuesto, a Fanny. De modo que ambos, Aaron y Sachs, aman a la misma mujer. Al mismo tiempo, Aaron mantiene una relación con uno de esos personajes típicamente de Auster: Maria Turner, mujer artista que investiga con fotografías, textos, entrevistas, y que inventa proyectos indagatorios sobre la condición humana no sin cierto peligro. Personaje al que le une una relación fundamente sexual y de ternura, pero no amorosa, mientras Sachs, en California por esos días, la mantiene con una chica llamada Cynthia.
    Luciana Armanini describe algunas de las claves de este movimiento de Auster entre sí mismo y su ficción: “Un escritor real (Paul Auster) escribe una novela sobre un escritor (Peter Aaron) que cuenta sobre la vida de otro escritor (Benjamín Sachs). Encontré aquí un juego de espejos y anagramas, donde los nombres y las situaciones se reflejan. En esta ficción, Peter Aaron, que las mismas iniciales que Auster tiene una esposa llamada Iris y la de Paul Auster se llama Siri. Ambos tienen un hijo de un matrimonio anterior, el de Auster se llama Daniel, y el de Aarón, David.” Primera página:  Auster:Vida y obra (literalmente)
    Aparte de estas observaciones, que son interesantes, hay que decir que mientras Auster escribe la historia que escribe Aaron sobre la historia de Sachs y la suya propia, los agentes del FBI, que visitan a Peter Aaron al principio de la novela, también escriben la historia del hombre que murió junto a una carretera de Wisconsin mientras manipulaba una bomba, y la historia del hombre (Peter Aaron) cuyas iniciales y teléfono encontraron en uno de los bolsillos de ese hombre. Ellos también escriben las dos historias que se bifurcan y se unen, meticulosamente como hace Aaron, todos con la finalidad de buscar la “verdad” sobre el personaje de Sachs o. para los del FBI, del hombre que murió manipulando una bomba.
    De este modo, una vez más, las historias se multiplican y el azar vuelve, insistente, pero nunca monótono, a ser el centro neurálgico de las ¿ficciones? de Auster. La aparición en la vida de Peter Aaron de Maria Turner, introducirá, en la vida de Sachs, a un personaje decisivo para el tremendo final de la histria de Sachs: Lillian Sterne. Lillian, antigua amiga del alma de Maria, prostituta encontrada por azar (claro) por ésta y casada posteriormente, vive en California con su marido, un catedrático al que conoció también por azar, cuando sustituía la vida de Maria Turner (cumpliendo uno de los proyectos artísticos de ésta).
    Publicada en 1992, esta obra de Auster se sitúa entre “La Música del azar”(1990) y “Mr Vértigo” (1994), “Leviatán” sigue la pauta bien conocida de Auster como autor, con sus mismas hermosas reflexiones sobre las palabras, los libros, la literatura. Sentencioso a ratos, y otras pletórico de historias, Auster no abre ni cierra sus ficciones, como dice Armanini, sino que abre puertas y más puertas en ese laberinto inacabable que es su imaginación. Esa inagotable capacidad de fabular que encanta e hipnotiza a sus lectores.