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  • Publicado el 4 de Noviembre, 2005, 13:09

    20051104064921-fueramedado.jpg

    Fuérame dado remontar el río
    de los años, y en una reconquista
    feliz de mi ignorancia, ser de nuevo
    la frente limpia y bárbara del niño...

    Volver a ser el arrebol, y el húmedo
    pétalo, y la llorosa y pulcra infancia
    que deja el baño por secarse al sol...
    Entonces, con instinto maternal,
    me subirías al regazo, para
    interrogarme, Amor, si eras querida
    hasta el agua inmanente de tu pozo
    o hasta el penacho tornadizo y frágil
    de tu naranjo en flor.

    Yo, sintiéndome bien en la aromática
    vecindad de tus hombros y en la limpia
    fragancia de tus brazos,
    te diría quererte más allá
    de las torres gemelas.
    Dejarías entonces en la bárbara
    novedad de mi frente
    el beso inaccesible
    a mi experiencia licenciosa y fúnebre.

    ¿Por qué en la tarde inválida,
    cuando los niños pasan por tu reja,
    yo no soy una casta pequeñez
    en tus manos adictas
    y junto a la eficacia de tu boca?

    Yo, sintiéndome bien en la aromática
    vecindad de tus hombros y en la limpia
    fragancia de tus brazos,
    te diría quererte más allá
    de las torres gemelas.
    Dejarías entonces en la bárbara
    novedad de mi frente
    el beso inaccesible
    a mi experiencia licenciosa y fúnebre.

    ¿Por qué en la tarde inválida,
    cuando los niños pasan por tu reja,
    yo no soy una casta pequeñez
    en tus manos adictas
    y junto a la eficacia de tu boca?