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  • Publicado el 5 de Diciembre, 2005, 8:14

    20051205090834-cesarepavese.jpg

    Hoy iré a buscar para mi hija un libro, editado póstumamente, de Pier Paolo Pasolini: Petróleo. Al comentarlo a Óscar, me ha dicho que ignoraba que Pasolini fuese escritor. Es curioso. Pasolini, es sobretodo, escritor. Poeta y novelista, pero también ensayista y autor teatral. Y vuelvo a él periódicamente, o él vuelve a mí, como hoy, en que debo ir a buscarlo entre los estantes de La Central, junto con el Memorial de Paolo Volponi, otro autor comunista cuya obra ella está a punto de conocer.

    Buscando entre mis recuerdos, creo que Pasolini, Gramsci, Pavese, Ungaretti, son los grandes compañeros de mi juventud.  Y de Pavese recupero hoy estos versos, que dedico a mi muchacho:

    Estas colinas duras que han formado mi cuerpo
    y lo sacuden con tantos recuerdos, me han abierto el prodigio
    de aquella que no sabe que la vivo y no llego a entenderla.

    Me la encontré una noche: una mancha más clara
    bajo las inciertas estrellas, en la oscuridad del verano.
    Percibíase en torno la fragancia de estas colinas
    más profunda que la sombra y de repente sonó
    como si saliera de estas colinas, una voz más limpia
    y áspera, a la vez, una voz de tiempos perdidos.

    Alguna vez la veo, y se pone ante mí
    definida, inmutable, como un recuerdo.
    Nunca he podido asirla: su realidad
    cada vez se me escapa y me lleva más lejos.
    Si es bella, no lo sé. Es joven entre las otras:
    me sorprende, al imaginarla, un lejano recuerdo
    de mi infancia vivida entre estas colinas,
    tan joven es. Semeja la mañana. Me muestra en los ojos
    todos los cielos lejanos de aquellas mañanas remotas.
    Y tiene en los ojos un firme propósito: la luz más limpia
    que jamás tuvo el alba sobre estas colinas.

    La he creado del fondo de todas las cosas
    que me son más queridas, y no llego a entenderla.

    (De Trabajar cansa, Florencia 1936, edición definitiva, 1946).

    Pavese (1908-1950) escribe en piamontés, porque quiere reivindicar el italiano de la provincia frente al habla burguesa y citadina, pero no lo hace por diletantismo dialectal, sino por conciencia de nobleza. Pavese, que es un poeta antifascista que se unirá a la resistencia, que probará la cárcel y la lejanía de todo lo que ama (tierra, mujer amada), intenta, como él mismo dice, nutrirse de lo propio para nutrir universalmente. Licenciado en Filología Inglesa y traductor de Steinbeck, de Hemingway y de Gertrude Stein, Pavese no puede estar más distante del provincianismo. Alcanzará lo universal desde lo cotidiano, desde lo contemporáneo, desde el propio yo transido de melancolía. Melancolía por la conciencia de lo perdido. Todo eso surge de la obra del poeta y novelista, editor y fundador de la editorial Einaudi, que una noche se suicidó en un hotel de Turín, después de haber recibido un premio literario, pero que nos dejó entre otras muchas obras eternas, el poema: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (1951) y ese Oficio de vivir (1952) inolvidable.