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  • Publicado el 6 de Diciembre, 2005, 18:55

                                                     20051206195334-carrington-01.jpg

    Leonora Carrington (Lancanshire, Inglaterra, 1917) es, con Remedios Varo (a quien debo el logo de mi blog), y Leonor Fini, una de las tres representantes más importantes del surrealismo femenino ¿Surrealismo? A veces las palabras llaman a engaño. Pintura imaginativa, onírica, profunda. Quizá no sean sinónimos.

                                                                                                     

    Carrington nació en Inglaterra, en el seno de una familia aristocrática de ascendencia irlandesa que muy pronto la envió a diversos conventos a seguir su (católica) educación y pronto comenzaron a manifestarse en ella las dos características más importantes de su carácter: la rebeldía y la imaginación. Para entender a Carrington resulta indispensable tomar en cuenta los mitos celtas y los elementos fantásticos que acompañaron su niñez, marcando para siempre su estilo, llenándolo de animales que en la mitología celta tienen un significado especial: caballos, hienas, halcones y lechuzas. Todos pueblan sus cuadros y dialogan con sus personajes, establecen con ellos una dialéctica vitalista y especial.

    Carrington se enamoró primero de Max Ernst, en Londres, para luego pasar con él a Francia hasta los inicios de la Segunda Guerra Mundial. En París, Carrington intimó con Breton, Miró, Péret o Arp. Ernst fue encarcelado varias veces por los nazis, y Carrington, después de intentar salvarlo en dos ocasiones, emprende una larga huida hacia España y Portugal, donde casualmente encuentra a Ernst en compañía de su nueva amante, Peggy Guggenheim. Entonces viaja de Lisboa a Nueva York y finalmente, a México, cuando acepta el matrimonio que le ofrece el cónsul mexicano y periodista Renato Leduc, en 1942.

                                                                                                             

    En México transcurrirá el resto de su vida y crecerán sus hijos Pablo y Gabriel (nacidos de su matrimonio con el fotógrafo húngaro Imre Weisz). Consolida su amistad con Remedios Varo, y con su marido Benjamin Péret, al mismo tiempo que año tras año se hace mayor su peso como artista y se acrecienta su presencia en galerías y museos de América Latina y Europa. Carrington coincide pues con esa inmensa diáspora europea que puebla México y lo enriquece con su aportación artística y humana. Tras algunas breves estancias neoyorkinas, en los años ochenta, vuelve a México.

    Carrington no sólo pinta, también escribe cuentos (La dama oval o La debutante), novelas (La casa del miedo, La puerta de piedra) y obras teatrales (como La camisa de franela y Penélope), y su aportación al arte mexicano no puede resumirse en unas cuantas líneas. Sin embargo, le dedico este breve articulito para picar vuestra curiosidad y que vayáis en su busca.

                                                                                          

    Sus colores y formas son vívidos y oníricos al mismo tiempo. Sugerentes y fantasiosos, los cuadros sugieren historias no explicadas. Su ascendencia inglesa e irlandesa dotan a su obra de un sentido del humor muy especial. Amiga de lo oculto y lo esotérico, ha incursionado en el budismo, en la filosofía china y en el espiritualismo tibetano. Como otras mujeres de su tiempo, fue internada por trastornos emocionales. Ella ha declarado después que sintió el rechazo y la represión social por causa de su sexo y su rebeldía. Pero como artista que es, supo volcar en narraciones y pinturas su angustia vital, transformándola de destructora en generadora de trascendencia a través de su arte.