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  • 18 de Marzo, 2006


    Publicado el 18 de Marzo, 2006, 23:25

    20060318220417-adele.jpgDe entre los libros más bonitos que tenía mi abuelo, destacaban los de una editorial barcelonesa cuyas ediciones estaban cuidadas al máximo: bellos grabados interiores, hermosas tipografías y cubiertas grabadas sobre tela de distintos colores, con reproducciones sobre cartoné, ediciones donde el arte modernista se revelaba también fructífero en la vertiente libresca. La Colección de Arte y Letras , editada en Barcelona entre los años 1881 y 1890, constituyó una biblioteca con verdaderas joyas bibliográficas. Entre esos bellos libros se encontraban las obras teatrales de Víctor Hugo: recuerdo perfectamente la lectura de Hernani, mi primer acercamiento al gran hombre: el mayor escritor de Francia. Más tarde, en mi adolescencia, leí Los miserables, la obra cumbre.
    Entonces yo desconocía la trágica vida del escritor: Hugo sufrió durante toda su vida por la pérdida de sus seres más queridos y padeció un larguísimo exilio por defender los derechos del hombre y por oponerse a Napoleón III, antes de recibir los lauros nacionales y la aclamación popular.
    La familia de Adèle
    Víctor Hugo vivió una infancia nómada, siguiendo el trayecto que la carrera militar y política de su padre le marcaba: Italia, varios lugares de Francia y España, con José Bonaparte, y algunos periodos de internado le marcaron profundamente. Sus padres tuvieron un matrimonio infeliz, lleno de altibajos. La madre de Hugo tuvo un sonado romance con otro general, bonapartista como su marido, Víctor Lohaire y desafiante, bautizó a su hijo con su nombre. El padre de Hugo, por su parte, vivió abiertamente durante años con su amante, Catherine Thomas, hasta que Bonaparte le obligó a abandonarla. Finalmente, los padres del poeta se divorciaron.

    Víctor Hugo conoció a los 7 años a una niña de 6: Adèle Foucher, hija de unos íntimos amigos de sus padres. Sorprendentemente, tanto los Foucher como los Hugo opusieron muchos obstáculos al matrimonio de Adèle y Víctor cuando éstos decidieron unir sus vidas, a pesar de que Hugo, en 1822, ya comenzaba a hacerse célebre tras vencer en los Juegos Florales y publicar su primer libro de poemas, Odas, por el que obtuvo una pensión de Luis XVIII. Finalmente, el matrimonio se llevó a cabo tras la muerte de la madre del poeta en ese mismo año. El hermano de Víctor, Eugène, enamorado perdidamente de su cuñada, padeció una crisis mental tan terrible que tuvo que ser internado en un asilo, tres meses después de la boda. La sombra de la locura comenzó entonces a planear sobre la familia del poeta. Adèle Foucher fue una mujer hermosa, inteligente, cuyo espíritu inquieto se manifestaba en sus escritos, dibujos y pinturas. Aun cuando su amor por Víctor Hugo fue muy grande, el narcisismo de Hugo y la vocación exigente de su esposo la decepcionaron. Ambos vivieron juntos y separados en una relación inestable que no consiguió romperse del todo ni ser del todo satisfactoria para ninguno de los dos.

                                
    El matrimonio tuvo cinco hijos y a todos los vio morir Víctor Hugo, con excepción de Adèle, quien murió en 1915: Léopold (1823), el primogénito, murió recién nacido; Léopoldine (1824), murió ahogada junto con su esposo, Charles Vacquerie, a los pocos meses de su boda; Charles (1826), por una tuberculosis galopante, François-Víctor (1828) de cáncer. Sólo le sobrevivió Adèle (1830).

    Tanto Adèle Foucher como Víctor Hugo fueron infieles: Adèle amó sin discreción al famoso crítico literario Charles Augustin Sainte-Beuve. Incluso se llegó a rumorear que Adèle era hija de Sainte-Beuve y así lo creyó también el célebre crítico, cuando escribió que su único aliciente en la vida era la hija menor de ’los Hugo’. Adéle Foucher, cuando la niña cumplió diez años, envió a Sainte-Beuve un retrato -dibujado por ella misma-, de la niña de sus amores, a lo que el crítico respondió con la publicación de un libro de poemas cuyo título es suficientemente explícito: Livre d’Amour.

                                 
    Víctor Hugo tuvo varias amantes.  Especialmente importante fue Juliette Drouet, también inteligente y hermosa, con quien compartió su vida durante más de 30 años. Y tuvo algún que otro affaire, alguno de opereta, como cuando fue sorprendido en flagrante delito por un ofendido marido. Aunque la ley penalizaba el adulterio, sólo la amante cumplió pena de cárcel, pero Hugo fue objeto de burla para todo París.
    Así pues, la tragedia, el drama y el melodrama (aparte de alguna que otra astracanada), formaban parte de la vida de la familia Hugo.


    La tragedia de Léopoldine
    La gran tragedia de la familia fue la muerte de Léopoldine. Adèle tenía 13 años cuando su hermana, la preferida de Hugo, cayó de una barca en el Sena y se ahogó. Su marido, Charles Vacquerie, excelente nadador, se tiró tras ella y se dijo que prefirió morir con ella que salvarse. Sus cuerpos se encontraron en el fondo del río en ceñido abrazo. En el infortunado accidente murieron también un tío y un primo de  Charles.
    Durante años, los Hugo se reunieron en la salita del apartamento parisino para invocar a Léopoldine, desplegando el vestido que llevaba cuando cayó al río, en inútiles, patéticas reuniones espiritistas. No cabe duda de que todo esto afectó profundamente a la joven Adèle.

    La tristeza invadió a toda la familia y se puede observar en el semblante de Adèle en las pocas fotografías que conocemos. Melancolía que no es sólo retórica fotográfica.

    Amor (es) y Exilio (s)
    A partir de 1848, la situación política se complicó para Hugo y para sus hijos y amigos, que se oponían francamente a Napoleón III y que defendían la necesidad de la República.
    Hugo no compendió, a pesar de sentirse campeón de la libertad, la necesidad de Adèle de llevar su propia vida. Adèle se quejó de que no podía siquiera salir sola a comprar un periódico. George Sand y otras mujeres luchaban por la emancipación femenina. Leer a Sand fue para Adèle una revelación. Francia se agitaba bajo vientos de renovación.
    Los hijos de Hugo fueron encarcelados, así como Auguste Vacquerie, hermano de Charles y enamorado de Adèle, quien probablemente fue su primer amor.
    Auguste Vacquerie representaba para Adèle –bastante más joven que él- , la oportunidad de saber qué tipo de pasión había encendido su hermana Léopoldine en Charles. Ambos hermanos eran tan parecidos como las dos hermanas. El amor que sintió Adèle por él fue intenso y fugaz y probablemente no fue un amor platónico.
    Adéle escribió: Sé que sufres. Me entregué a ti porque sufrías. La prostitución puede significar una sublime devoción y no sabemos si una mujer pública no es una hermana de la caridad.

    Este enamoramiento duró poco.

    En ese mismo año de 1846 (ella tenía 16 años), Adèle se enamoró de un escultor mucho mayor que ella y muy poco recomendable: solía maltratar a sus amantes. Se trataba de Jean-Baptiste Augustin Clésinger. Años después, en su diario íntimo, ella escribió: ¿Qué sentí por tres años? ¡Clésinger! Recuerdo la última vez que te vi, fue en París. Te amé. Estuviste cerca de mí toda la noche, me cortejabas, estabas absorto en mi amor ¡Oh, eras un genio! ¡Había genio en tus manos, genio en tus ojos! Cuando estabas conmigo, era feliz.
    El diario sugiere intimidad amorosa, pero él pronto se cansó de la joven Hugo y se casó con la hija adolescente de George Sand, Solange. En una ocasión, el violento Clésinger estuvo a punto de matar a Solange, a su hermano y a George, quien juró que nunca más le admitiría en su casa. Sin embargo, Adèle (quien debía conocer todo esto a través de Sainte-Beuve), escribía después: Tuve el cielo en mi alma. Amé, sentí que me encontrabas hermosa. Tenía 18 años ¡Amor, amor feliz! ¡No hay nada más hermoso en este mundo!
    Poco después, Adèle soñó (ella siempre pensó que premonitoriamente), que encontraría a un inglés y que ese inglés sería su verdadero amor. 
    En 1852 Hugo se ve precisado a exiliarse, primero a Bélgica, de donde es expulsado, luego a Jersey y Guernessey, islas del canal de la Mancha que gobernaba Inglaterra y en las que Adèle conocerá a Alfred Pinson, a quien identificó como el inglés de sus sueños. Escribió: Al verlo, me encendí. Sin embargo, rechazó su oferta de matrimonio. Para ella, el matrimonio equivalía a tiranía masculina.

    Antes de huir hacia Nueva Escocia en busca de ese sueño, Adéle intentó ser reconocida como compositora y pianista y comenzó a hacer trámites para publicar sus obras en Bruselas. Víctor Hugo no la apoyó. Para él, el piano era Una bestia de palo. Adèle proyectaba también un libro sobre  la emancipación femenina, pero el destino de una escritora era aún más incierto: claudicó, aunque siguió escribiendo compulsivamente.

    En 1892 fueron descubiertas dos mil páginas sobre los años de exilio de Hugo en las islas del canal Jersey y Guernessey, que fueron atribuidas, en un primer momento, al propio Víctor Hugo. En 1952, Réné de Messières, cónsul francés en Nueva York, reveló en la universidad de Harvard que la verdadera autora del dietario fue la hija más joven de Hugo: Adèle. En realidad había dos diarios, uno trataba con minuciosa exactitud de los días pasados en las islas por la familia Hugo. El otro, escrito en lenguaje cifrado, era el diario íntimo de Adèle.
    Como es normal en estos casos, los manuscritos estaban separados, algunos en Francia, otros en Estados Unidos. Hubo también algunos hallazgos de ciertas páginas perdidas en diferentes bibliotecas. Por fin, en 1968, Frances Vernor Guille publicó tres volúmenes (de los cuatro proyectados), del Diario íntimo de Adèle Hugo. Diario que sirvió a François Truffaut como base para la película que reseñé aquí.
    Escritora compulsiva, escribía sin parar, especialmente en los años que pasó en Nueva Escocia, mientras esperaba (inútilmente) que el mediocre teniente Alfred Andrew Pinson  le correspondiera. Víctor Hugo, campeón de la Libertad, nunca consideró a su hija como un talento digno de ser reconocido: para él era una mujer más, cuyo destino era el matrimonio. A los 33 años Adèle huyó en pos de un hombre que la había cortejado anteriormente y a quien ella había rechazado. Para entonces, Pinson había cambiado de idea: ya no la quería ¿Por qué, pues, ella le consideró digno de centrar sus obsesiones? ¿Por qué perseveró durante nueve años, de 1863 a 1872, en una persecución inútil, dolorosa, exacerbada?  Desde el 69 Pinson ya no se encontraba en las Barbados, hacia donde ella le había seguido tres años antes. Ella no se enteró. Vagaba sola, vestida de harapos, soñando con un amor que había soñado…soñando con un inglés que sería su amor eterno…
     Cuando Adèle decidió viajar sola a Halifax, en Nueva Escocia, al otro lado del mar, para seguir a quien en su imaginación amaba tierna y apasionadamente ¿qué buscaba?  Bajo nombre supuesto recibía la subvención de su padre quien, disgustado, no se atrevió a negarle su asignación. Pero las cartas las escribía su hermano François-Víctor.  Hugo no se desentendió de su hija, pero nunca le escribió.
    En 1872, Madame Baa llevó a Adèle a Francia. Víctor Hugo ingresó a su hija en una institución, Adèle murió para el mundo, aunque su vida acabó en 1915.
    François Truffaut la resucitó.


    Leslie Smith Dow, Adèle Hugo, La Miserable, Goose Lane Editions, New Brunswick, Canada, 1993.