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Poemas preferidos
Publicado el
27 de Febrero, 2006, 8:29
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ESTA TARDE MI BIEN
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;
y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía:
pues entre el llanto, que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste:
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu inquietud contraste
con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.
DETENTE SOMBRA
Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.
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Publicado el
17 de Enero, 2006, 13:52
Para Bardamu, del Doke.
Non omnis moriar¡No moriré del todo, amiga mía! de mi ondulante espíritu disperso, algo en la urna diáfana del verso, piadosa guardará la poesía. ¡No moriré del todo! Cuando herido caiga a los golpes del dolor humano, ligera tú, del campo entenebrido levantarás al moribundo hermano. ¡Tal vez entonces por la boca inerme que muda aspira la infinita calma, oigas la voz de todo lo que duerme con los ojos abiertos de mi alma! Hondos recuerdos de fugaces días, ternezas tristes que suspiran solas; pálidas, enfermizas alegrías sollozando al compás de las violas... Todo lo que medroso oculta el hombre se escapará vibrante del poeta, en áureo ritmo de oración secreta que invoque en cada cláusula tu nombre. Y acaso adviertas que de modo extraño suenan mis versos en tu oído atento, y en el cristal, que con mi soplo empaño, mires aparecer mi pensamiento. Al ver entonces lo que yo soñaba, dirás de mi errabunda poesía: era triste, vulgar lo que cantaba... mas, ¡qué canción tan bella la que oía! Y porque alzo en tu recuerdo notas del coro universal, vívido y almo; y porque brillan lágrimas ignotas en el amargo cáliz de mi salmo; porque existe la Santa Poesía y en ella irradias tú, mientras disperso átomo de mi ser esconda el verso, ¡no moriré del todo, amiga mía! | Manuel Gutiérrez Nájera (México, 1859-1895), Periodista y poeta modernista o romántico, según se quiera ver, fue uno de los poetas que leí de pequeña, junto con Luis G. Urbina o Salvador Díaz Mirón o incluso, Enrique González Martínez. Creo que nunca me he librado de la visión romántica que me imbuyeron esas lecturas (¡ay, Shelley!), a las que vuelvo periódicamente, sin sentirme nunca extraña en ellas.
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Publicado el
28 de Noviembre, 2005, 8:45
Cuando escribí sobre el tema de los disturbios en Francia me encontré casualmente con el blog de un joven francés del que desconozco todo, menos su poesía, que me llegó como algo sutil, bello y delicado. Su nombre es Meriem Merghad y me propongo aquí publicar periódicamente alguno de sus poemas.
Así que ahora que tengo unos momentos de cierta paz, (ya casi termino la corrección de unos trabajos de mis alumnos de bachillerato y dentro de poco comienzo de nuevo con exámenes, ya de fin de trimestre), me he puesto a traducirlo. No es la lengua francesa la que mejor domino y es la primera vez que me atrevo a traducirla. Él no sabe español. Yo no sé si estaría de acuerdo con mi versión de su poesía. He intentado ser lo más literal posible, y conservar el ritmo, el sonido de su música. Ojalá lo haya logrado
Un jour, un seul, A l’aube des paupières ternies, le long des chemins qui agonisent, Vouloir un seul de tes beaux jours. Un jour, un seul, Lorsque l’ombre passe et disparaît, sous les gongs de la torture, Au-dessus les grandes cités qui s’éternisent, Ouvrir la fenêtre et voir un monde meilleur. Un jour, un seul, A l’ombre des lumières qui illuminent, Les trottoirs sales et les poubelles pleines. Un jour, un seul, Être de cette ville, des ces magasins, des ces voitures de sport. Tendre la main, un appel à la rescousse, Après les cris du coeur, La fracture mentale, Posée là, tout près du parlement; agences pour publicitaires. Un jour, un seul, Paraître et devenir, Les deux mains dans la poche, l’air de rien. Sourire au temps qui passe. Un jour, un seul, A l’aube des paupières ternies, Vouloir un seul de tes beaux jours. Un jour, un seul. * * * * * * Un día, uno solo. Al amanecer de los párpados empañados, A lo largo de los caminos que agonizan, Querer uno solo de tus hermosos días. Un día, uno solo, Bajo la sombra pasa y desaparece, bajo los gongs de la tortura, Arriba las grandes ciudades que se perpetúan, Abrir la ventana y ver un mundo mejor. Un día, un solo, A la sombra de las luces que iluminan, Las aceras sucias y los cubos de basura llenos. Un día, uno solo, Pertenecer a esta ciudad, a estos almacenes, a estos descapotables. Tender la mano, una llamada de socorro, Después de los gritos sinceros, La fractura mental, Colocada allí, muy cerca del parlamento; agencias para publicitarios. Un día, uno solo, Parecer y pasar a ser, Las dos manos en el bolsillo, el aire de nada. Sonreír al tiempo que pasa. Un día, uno solo, Al amanecer de los párpados empañados, Querer uno solo de tus hermosos dias. Un día, uno solo.
Si alguno de vosotros ve algún fallo (o muchos fallos), por favor, no dude en decírmelo, le estaré agradecida
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Publicado el
4 de Noviembre, 2005, 13:09
Fuérame dado remontar el río de los años, y en una reconquista feliz de mi ignorancia, ser de nuevo la frente limpia y bárbara del niño...
Volver a ser el arrebol, y el húmedo pétalo, y la llorosa y pulcra infancia que deja el baño por secarse al sol... Entonces, con instinto maternal, me subirías al regazo, para interrogarme, Amor, si eras querida hasta el agua inmanente de tu pozo o hasta el penacho tornadizo y frágil de tu naranjo en flor. Yo, sintiéndome bien en la aromática vecindad de tus hombros y en la limpia fragancia de tus brazos, te diría quererte más allá de las torres gemelas. Dejarías entonces en la bárbara novedad de mi frente el beso inaccesible a mi experiencia licenciosa y fúnebre.
¿Por qué en la tarde inválida, cuando los niños pasan por tu reja, yo no soy una casta pequeñez en tus manos adictas y junto a la eficacia de tu boca? Yo, sintiéndome bien en la aromática vecindad de tus hombros y en la limpia fragancia de tus brazos, te diría quererte más allá de las torres gemelas. Dejarías entonces en la bárbara novedad de mi frente el beso inaccesible a mi experiencia licenciosa y fúnebre.
¿Por qué en la tarde inválida, cuando los niños pasan por tu reja, yo no soy una casta pequeñez en tus manos adictas y junto a la eficacia de tu boca?
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